Una ayuda del cielo
J. C. Roldán
Hace algunos días Microsoft (MS) anunció la firma
de convenios con Hironobu Sakaguchi (creador de Final Fantasy),
Yoshiki Okamoto (Resident Evil, Street Fighter) y Tetsuya Mizuguchi
(Rez, Space Channel V) por medio de los cuales estos tres desarrolladores
se comprometían a desarrollar títulos en exclusiva
para X-Box 2.
Siempre serán bienvenidos los proyectos de personas talentosas,
independientemente de la plataforma a la cual estén dirigidos.
Debo reconocer, sin embargo, que mientras leía la noticia
recordé lo expresado por Satoru Iwata en el sentido de
que Nintendo no estaba interesado en comprar empresas 3rd party
(como Capcom o Sega) porque 1).- tendría un mejor costo-beneficio
trabajar en el mejoramiento de sus relaciones con ellos y 2).-
era preferible apoyar a individuos o pequeñas empresas,
dándoles los recursos que necesitaban para implementar
sus proyectos.
Resulta
irónico, entonces, que haya sido MS quien diera el primer
paso en la segunda dirección. Quizá porque no
tiene entre sus filas a un creativo comparable a Shigeru Miyamoto
o porque X-Box prácticamente no le interesa al gran mercado
japonés, el caso es que la compañía de
Bill Gates ha emprendido agresivas estrategias para lograr posicionar
su consola en el gusto de los jugadores y desarrolladores, tanto
en el archipiélago nipón como en el resto del
mundo.
En este punto resulta inevitable contrastar la audacia del gigante
norteamericano con la pasividad mostrada por los altos mandos
de Nintendo, una corporación cuya mayor cualidad tiene
que ver con la gran cantidad y calidad de los títulos
que nos ofrece, un año sí y otro también.
Los problemas aparecen cuando -como bien señala un dicho
popular- la mejor virtud empieza a convertirse en el peor defecto.
El hecho de que la gran N no necesite de los licenciatarios
para que sus consolas sean rentables, se ha traducido en decisiones
tan arrogantes como erradas.
Y
no estoy hablando del tristemente célebre rompimiento
con Square, sino de casos recientes: la venta de sus mejores
equipos 2nd party, incluso a competidores directos (¿alguien
dijo RARE?), el desprecio sistemático a los títulos
para adultos que no se llaman Resident Evil y una desesperante
indiferencia frente las compañías que hacen adaptaciones
de sus éxitos en PS2 para X-Box, pero no para GameCube.
Desde Rockstar hasta Tecmo, pasando por SNK (nótese que
no menciono a Eidos ni THQ).
Incluso
Capcom, el hijo pródigo que parecía haber vuelto
a casa tras su (auto)exilio en la era de 32/64-bit terminó
lanzando cuatro de sus cinco títulos "only for GameCube"
también en la máquina de Sony.
Ahora bien, el verdadero problema tiene que ver con las declaraciones
del señor Iwata acerca de que Revolution podría
no tener el apoyo esperado por parte de los licenciatarios.
Y no porque el sucesor de GameCube esté predestinado
a convertirse en el patito feo de la nueva generación,
sino porque sus diseñadores temen que resulte "demasiado
revolucionario" para un mercado lleno de consumidores adictos
al concepto "mature" y al hiperrealismo gráfico.
¿Quiere
decir esto que no se están cumpliendo -ni lo harán
en el corto plazo- las dos previsiones de Nintendo señaladas
al inicio del presente artículo?
Mucho
me temo que sí. Lo cual es una pena porque Revolution
podría terminar convirtiéndose en una consola
de semiculto, soportada únicamente por las genialidades
de Miyamoto, junto con algunos remakes que perderán su
elegante apariencia original para integrarse al universo nintendero
(sí, estoy pensando en DDR With Mario).
Claro, siempre existirá la posibilidad de que la gran
N desarrolle un título capaz de hacer por su nueva máquina
casera lo que Grand Theft Auto ha hecho por PS2 en cuanto a
ventas, de tal suerte que Revolution se convertiría en
un hardware con una base de usuarios muy atractiva para los
licenciatarios. Tan sólo imaginemos una máquina
capaz de incluir en su catálogo las sagas que construyeron
el fenómeno PlayStation junto con todo el potencial creativo
de Nintendo y sus subsidiarias, además de alianzas similares
a la ya existente con Sega y Namco.
Pero
antes de llegar a ese punto Nintendo tendrá que hacer
-hoy más que nunca- honor a lo que significa su nombre
en lengua japonesa. Además de poner su máximo
esfuerzo programando títulos tan innovadores como impresionantes
(en términos técnicos), deberá esperar
que el cielo le envíe una pequeña ayuda. ¿Y
a qué tipo de ayuda me refiero? A que alguno de sus colaboradores
pueda encontrar el punto de partida para materializar ese maravilloso
sueño...
...encontrar
ese "Mario Bros. del nuevo milenio", cuya mecánica
de juego cautive a los videojugadores durante los próximos
años y haga que todos ellos -los novatos y los veteranos,
los más jóvenes y los adultos- quieran comprarse
un Nintendo Revolution.